martes, 8 de octubre de 2013

El Barrio situado a las afueras de la circunvalación sigue siendo parte de Rosario, los vecinos lo piden y la Municipalidad no les envía ni un barrendero

“El Barrio que no tiene aun su nombre”




El barrio nació en 1988, pertenece a la ciudad de Rosario y esta delimitado por las calles Jorge Newbery, Cachi, Martínez Astrada y Sanchez de Loria, pero aun no tiene nombre propio. Algunos vecinos lo llaman “Barrio 7 de Septiembre”, pero este asentamiento es parte del “Barrio Larrea-Empalme Granero” y es una vecinal llamada como sus vecinos al barrio lo hacen, por lo que podemos decir que prácticamente no tiene identidad, tanto que hasta hace un año no aparecía en la guía telefónica de la cuidad. Dentro de él en la calle Colombres entre Jorge Newbery y Pecan, a la altura del 1600 bis es donde vamos a poner nuestros ojos.

Los vecinos habitan el Fondo Nacional de la Vivienda (Fo.Na.Vi.), al llegar al barrio se  puede observar que las edificaciones son casi todas iguales, sin embargo varían según pertenezcan a una manzana u otra. Algunos vecinos modificaron parte de la estructura edilicia para que les sea más cómoda y confortable a la hora de poder seguir viviendo mientras pasa el tiempo. El barrio cuenta con seis manzanas, una es una plaza, dos de ellas son de edificaciones tipo Duplex, y las tres restantes departamentos de un piso con una casa en planta baja y otra en el piso uno. Todas las manzanas contaban con un patio único compartido por todos los vecinos. Los Duplex cuentan con una planta baja con una habitación, cocina-comedor y baño, y un primer piso con tres habitaciones. En cambio los departamentos de dos pisos tienen en planta baja, cocina-comedor, baño y tres habitaciones, a diferencia de los de planta alta, que solo cuentan con dos habitaciones, en este caso ambas casas comparten un solo tanque de agua lo cual hace un poco difícil su uso ya que considerando, como mínimo cuatro personas por familia, un tanque para ocho es muy poco. Estas propiedades se distribuyeron de acuerdo a la cantidad de personas que poseía cada familia al momento de que arribaban al lugar.

Al ser un estilo de barrio establecido en forma de FONAVI los vecinos tienen un lema “Es tu techo, pero no es tu techo” por que todas las familias al habitar estas casas decidieron en cuanto tiempo pagarlas con una especie de cuota, que ni el administrador pide, ni los vecinos pagan. De esa manera, ninguno de los habitantes tiene los planos de las casas, no pueden escriturar, ni mucho menos son poseedores de algún tipo de documento que certifique que son los dueños de sus hogares. Una de las vecinas dijo que “No hay final de obra, es por eso que esto no existe para la Municipalidad, ni siquiera nos llega el impuesto municipal” es mas continuo “ni el barrendero para de vez en cuando a limpiar un poco las veredas”, exclamando que solo recuerda haber firmado un contrato de locación que de nada sirve por que la propiedad no es propia.

Los vecinos de la zona buscaban una mejor forma de vida, una nueva manera de poder dar a sus familias la posibilidad de vivir y no de sobrevivir. Cuando el barrio se termino de edificar muchas familias fueron a habitar estas casas para que sus hijos pudieran tener un lugar más digno donde crecer y desarrollarse. Pero nada es lo que parece, o mejor dicho lo que ofrece el estado, cuando los vecinos llegaron las calles eran de tierra y las casas estaban muy lejos del concepto de terminadas, según vecinos los postigotes los tuvieron que poner ellos e incluso hubo que comprar algunas puertas interiores y edificar sobre lo ya construido para poder habitar las viviendas cuando las familias se fueron agrandando. Incluso llevan años preguntando cuando se va a modificar el sistema de zanjas que no hacen más que llenar de un desagradable olor a las calles.
Hoy en día la cuadra esta muy lejos de ser la que fue estrenada, muchas de las casas cuentan con partes nuevas realizadas por los propios vecinos que se ponen de acuerdo para mejorar un poco su barrio para poder vivir mejor. “Anteriormente para donde miraras había campo, nada que ver con lo que es hoy”, los chicos jugaban alrededor de las casas y en el gran parque que tenían a disposición para divertirse, pero no es lo mismo que se puede observar ahora que la vida rosarina esta llegando cada vez mas lejos a colonizar el espacio que esta cuidad nos brinda.

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