lunes, 7 de octubre de 2013

La Universidad Católica Argentina (UCA) posibilita a jóvenes a enseñar una profesión solidaria.

“No esperar siempre a recibir, sino también dar.”




Melina Dachesky es egresada de la Facultad de Ingeniería de la Universidad Católica Argentina (UCA) de Rosario, donde después de realizar sus respectivas pasantías para poder recibirse llego a conocer el placer de la solidaridad ayudando en el Colegio Santa Mónica de la ciudad de San Lorenzo. Luego de un tiempo de estar recibida comienza a trabajar para del CEFEDER dentro de la universidad en la cual termino sus estudios y con esto termino siendo la coordinadora del proyecto “Promoviendo el Compromiso Social” dentro de la misma Escuela de la cuidad cercana a Rosario donde se había desarrollado como pasante. Capacitar a jóvenes de instituciones educativas en las tecnologías necesarias para el desguace y reciclado de componentes de PC, únicamente trabajando con donaciones de todo lo que sea computadoras, es el objetivo principal del proyecto, y junto a enseñarles a los chicos del colegio la importancia de ayudar a otras instituciones donando lo que ellos con sus manos arreglaron es lo que esta joven coordina martes a martes.
¿Cómo se Origino todo este proyecto?
El taller empieza en el 2008 en la Escuela Especial Santa Mónica que está en San Lorenzo, escuela únicamente para chicos con discapacidad, ellos tienen distintos talleres como huerta y lectura, pero en el 2005 Cargill les dono 5 computadoras y una sala de informática, entonces comenzaron a darse cuenta los docentes que los chicos querían estar en el taller de informática por que les llamaban mucho la atención las maquinas. Y al encontrar la inquietud de que las PC iban quedando obsoletas y los chicos querían seguirlas usando se ponen en contacto con el CEFEDER. Años más tarde se realiza este proyecto para enseñarles a los chicos que es lo que significa el armado de las computadoras y como ayudar al medio ambiente a través del reciclado informático. Ya que otra de las bases del proyecto es reciclar el residuo informático, el cual se considera peligroso, y donarlos a otra institución que es lo más hermoso de todo, que los chicos de esta escuela aprendan también el valor de ayudar a otros. Hubo incluso que durante algunos años que enseñarles por que una PC contaminaba, pero ahora ya saben que hay muy pocas partes que se pueden tirar y es mas han traído de su barrio e incluso de su casa alguna parte que se estaba por tirar.
¿Cuál es tu rol dentro del proceso?
Soy quien coordina toda la parte técnica de lo que es el taller, y la cuestión pedagógica las decidimos en equipo porque uno no puede tomar decisiones di los docentes de la institución no están de acuerdo. Pero también me hago cargo de la organización de la gente que proviene de las prácticas profesionales de la UCA. Son alrededor de 30 chicos, 4 somos los que hacemos el taller, todos junto a los docentes y a la psicóloga social, formamos el grupo de trabajo y juntos llevamos adelante este amado proyecto. Una de las cosas que siempre digo es que hay que tratar de generar un compromiso, no todos se siente cómodos, porque creo que no a muchos les gusta trabajar con chicos de estas características. Por eso trabajamos en conjunto con la psicóloga y hacemos reuniones frecuentemente para poder llevar a cabo de la mejor manera posible el proyecto.
¿Qué fue lo que más te costo del trabajo que realizan? 
Al principio pensé que no te podes comunicar, llegas a creer que sabes todo porque estas a punto de recibirte, pero te das cuenta que no podes comunicarte con ellos. Hay algunos que ni siquiera hablan, y eso te frustra en algún punto. La carrera de sistemas me llevó a pensar que todo es un sistema, pero dentro de este contexto te das cuenta que no es tan así como te enseñaron en la facultad. Lo primero es que te das cuenta es que hay que aprender es a manejar tu frustración y la de los chicos, porque ellos también sienten que no pueden comunicarse con vos.  Por este motivo es que hacemos que las prácticas duren mi más ni menos de un año porque nosotros vamos una vez por semana, más precisamente el martes, y hasta que ellos y nosotros nos adaptemos a trabajar juntos pasa un tiempo y por este motivo no pues hacer una práctica de menos tiempo. Porque los chicos te tienen  que conocer y hay que generar un vínculo sino no se llega a lograr el trabajo que realizamos con ellos.
¿Cómo se trabaja con ellos? 
Trabajar con chicos de capacidades diferentes no es lo mismo que trabajar en reparación de PC en otro lugar. Hubo que trabajar muchísimo sobre cómo llegar a indicarles bien a los chicos que hacer, porque uno viene con un lineamiento muy técnico, y por más de tener el conocimiento necesario de cómo arreglar una computadora hay que saberlo transmitir y más si hablamos de chicos con una cierta dificultad. Aprender eso para mí fue bastante arduo, pero después de un tiempo aprendes como hacerlo y terminas disfrutando muchísimo de lo que se hace en el taller. Para lograr un mejor trabajo los dividimos en grupos. Cada grupo de acuerdo a la capacidad que poseen les enseñamos que hacer, desde el inventario hasta el desguace y exposición final, es decir, entra una computadora y la tomamos como partes aisladas, para que puedan trabajar.
Ellos ven que el mundo se maneja mucho con computadoras, date una idea la alegría de ellos al poder usarlas, y más de saber cómo repararlas. Hay chicos que incluso son hijos de ex alumnos de la institución y no pueden creer que sus hijos hagan cosas como esas. Para  los alumnos estar a la misma altura del resto del mundo es una satisfacción  enorme, algunos desarman un teclado letra por letra y la vuelven a armar, es increíble son cosas que a uno le cuesta muchísimo. Tendrías que ver esas caras la alegría que tienen al darse cuenta que cosas que por ahí en sus casas no les dejan hacer por creer que no pueden, en el taller logran hacerlas. Es más las caras de los padres e incluso de los profesores que los viene educando día a día es de un asombro muy grande, y eso es increíble poder presenciarlo. Ellos y todos estamos acostumbrados a verlos con cierto cariño tratándoles de “Pobrecitos les tengo que dar”, entonces es para ellos una muy fuerte alegría mostrarse hacia la sociedad como un “No siempre voy a esperar que me den, sino también dar.”
¿Cómo es viajar todos los martes hasta San Lorenzo? 
Al principio levantarte más temprano, llegar todos a tiempo, ir todos dormidos, fue una hermosa experiencia. Igual lo más lindo de todo es que vos por ahí llegas a la escuela con todo preparado, pero en la institución por ahí llovió y no fue nadie. Pero uno con el pasar del tiempo aprende a trabajar con ellos. Incluso los docentes nos dijeron que teníamos que dejar de planificar a largo plazo y que debíamos hacer todo a mediano o corto plazo. Ta vez planificas el día y te llega un camión con computadoras de una donación y, el día pasa por hacer el inventario y clasificar todo lo que llego. 
¿Cómo despertó tu Vocación por esto?
Siempre me gusto la parte de la enseñanza, desde que empecé a estudiar me di cuenta que no me gustaba estar detrás de una computadora toda mi vida. Llegue a este lugar gracias a que un profesor de la universidad trabajaba ahí, nos pusimos en contacto y comencé a trabajar en el taller. Pero hay que tener un poco de vocación, por que uno tiene la mente cerrada en que es todo un sistema y acá muchas veces la “salida” del proceso no es perfecta, y el proceso se alarga y para eso usamos mucho la “retroalimentación”, trabajamos mucho en equipo para eso, entre la parte pedagógica, técnica, de gestión, de ambiente y las medidas de higiene y seguridad, porque hay que trabajar como si fuese una empresa con los chicos por que hay que ir cambiando la visión de las cosas todo el tiempo. Lo único que por ahí es medio extraño es el lado de que muchas veces hay que ponerles límites y uno a eso no está acostumbrado a eso, pero con ganas todo se aprende y ayudar es lo fundamental, si uno ayuda eso es algo que no se paga con nada en el mundo.








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